Archivo del Autor: RaHulk_Ramírez

C9. ¡Terminado! Y ahora, ¿qué hago?

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En la última versión de Monicipio, todo por el Poder, las cartas de los personajes pasaron a ser fichas con marcadores.

Más de un año y medio después de que anidara en mi imaginación la idea para un juego maravilloso, tenía uno en las manos y era obra mía. No era tan perfecto como lo había soñado, pero se dejaba jugar y era divertido. Le había dedicado mucho más tiempo del que había planeado y faltaban aún algunas ilustraciones, pero en esencia estaba terminado. Era el momento de preguntarse: ¿Y ahora qué hago con él?

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C8. Pinta y colorea

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Boceto y resultado final de la ilustración que representa a un personaje de Monicipio, todo por el Poder.

¿Cuándo llega el momento de ponerte a trabajar en las ilustraciones y el diseño gráfico? Libros sobre diseño de juegos, páginas web y algún diseñador al que acosé en busca de información aconsejan dejarlo como última etapa: cuando ya has verificado que la mecánica es divertida y está libre de errores tras un periodo de pruebas exhaustivas. Es un buen consejo, aunque yo no lo acaté al pie de la letra y eso me trajo cosas buenas y malas.

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C7. Iconos, colores y la diferencia entre arriba y abajo

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Un icono que asocia a un personaje y sus metas en un prototipo de Monicipio, todo por el Poder

Los iconos pueden sustituir con eficacia a textos que son confusos o demasiado largos en tableros, cartas, fichas y otros componentes de un juego. Yo lo aprendí por la vía más dura, como expliqué en el anterior capítulo. Sin embargo, también descubrí que traducir un sistema de reglas con un puñado de garabatos y colores era más complicado de lo que parecía.

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C6. Una imagen y mil palabras

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Una misma carta, en varios prototipos de Monicipio, todo por el Poder.

Si el manual es necesario y obligatorio, emplear o no textos en otros elementos de tu juego es una de las muchas decisiones que deberás tomar. Entre los títulos que se encuentran en las tiendas, los hay de todo tipo: unos incluyen frases en cartas, fichas y tableros; otros las sustituyen por iconos, mientras que algunos no necesitan ni una cosa ni la otra. Si echas un vistazo a la secuencia de cartas que ilustra este capítulo, deducirás que yo dudé mucho. Y para colmo, tras muchas vacilaciones y pasos en falso, seguramente mi elección final resultó ser incorrecta. Pero vayamos por partes.

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C5. Manual del manual

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Un esquema para mostrar cómo se disponen las cartas al inicio de la partida en Monicipio, todo por el Poder.

¿Cuándo empezar a plasmar sobre papel las ideas que bullen en la cabeza? Cada uno tiene su receta, pero en mi caso la respuesta es: desde el primer minuto. Aunque claro, hay dos tipos de escritura. La primera es la que uno hace para uno mismo y que nunca verá la luz pública; la segunda, la que sí verán quienes jueguen a tu juego. Solo hay un texto en el que las notas personales acaban plasmándose en algo que leerán los jugadores. El manual.

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C4. La frase más dulce

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Si los árboles no te dejan ver el bosque, es hora de talar. Ilustración para Monicipio, todo por el Poder.

¿Sabías que los juegos deberían ser divertidos? Bien por ti, porque yo lo olvidé mientras desarrollaba el mío. Llegué a estar tan obcecado en suprimir los errores que iba encontrando en cada versión que perdí de vista lo obvio: que el aburrimiento es un peligro mayor que cualquier fallo en la mecánica. Hasta este punto es posible perderse cuando se toma cualquiera de estos dos caminos, ambos equivocados.

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C3. La Catástrofe y el Asesino Silencioso

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Uno de los prototipos de Monicipio, todo por el Poder

Me las prometía felices con la quinta versión de mi juego. Tras muchos intentos, aquella se parecía al fin a la imagen que brillaba en mi imaginación desde hacía casi un año. La mecánica parecía funcionar como un reloj, las partidas de prueba empezaban a desarrollarse con fluidez y yo empezaba a relajarme al ver la meta muy cerca: en vista del éxito, solo quedaba pasar a limpio los garabatos que componían el manual, dar con un diseño gráfico atractivo y completar las ilustraciones de las cartas. Por supuesto, no fue así.

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